martes, 16 de octubre de 2012

Capítulo 5


Disclaimer: Personajes de JK Rowling.
Beta: ILSly.

Maldad, miedo y humillación
Tiembla...
Hermione se siente más indefensa que nunca, acostada en una cama de torturas, completamente desnuda y siendo observada por unos hermosos y malignos ojos azules que brillan hambrientos mientras recorren su cuerpo. Tiene la respiración agitada por lo que su pecho sube y baja rápidamente. A pesar de que sus heridas internas hayan mejorado medianamente, Hermione sabe que no está recuperada del todo y entre el frío de la celda y que el que su cuerpo recibe ahora probablemente pesque una pulmonía. Por mucho que a sus captores no les importe.
La castaña trata de no llorar, bastante debilidad está mostrando ya como para seguir dándoles el gusto, aunque claro; ese tipo de pensamientos dependen de lo valiente que se sienta el día de turno.
Gira la cabeza todo lo que las ataduras se lo permiten y entonces sí no puede evitar estremecerse. Ahora Hermione sabe con seguridad que corre un gran riesgo. Nada tienen que ver los ojos grises que le miran despidiendo un odio visceral. Así como tampoco puede asegurar ese riesgo gracias al aura maligna que rodea a su archienemigo declarado, para nada. Se sorprende al notar su propio cinismo mientras observa a Draco Malfoy con el pánico plasmado en la mirada.
-Nott, sal un momento.- dice el rubio con voz glacial; ella percibe el desconcierto del castaño, pero eso no evita que él acate la orden que le acaban de dar.- Y no entres hasta que te busque, vete por ahí.- le ordena con un movimiento de muñeca.
Entonces esos pozos del color del mercurio se posan en ella nuevamente, provocando que su respiración se agite y su mente reviva el puñetazo que le dio antes de enviarle a las mazmorras, así como también la maldición Cruciatus que le dejo inconsciente. Lo nota sediento de venganza, y furioso como jamás ella llego a verlo nunca. Su curiosidad y esas ganas de saber lo que planea le impulsan a hablarle, pero su parte precavida le dice que mejor mantenga la boca cerrada, si no quiere que el castigo sea peor.
-¿Sabes, Granger?- comienza a hablar él; ella lo escucha atentamente tratando de ocultar su pavor infructuosamente- Te odio como a nadie, te detesto. Detesto tu sangre y me repugna tu olor. Eres asquerosa para mí, muy poca cosa como para que mi mirada deba posarse en tu maldito cuerpo, pero tengo una misión y no descansaré hasta cumplirla. Y lo lograré gracias a ti, si es que posees una décima parte de la inteligencia de la que alardeas tanto.- El rubio comienza a rodearla; caminando como un depredador acechando a su frágil presa. Con cada palabra se acerca cada vez mas al lugar donde ella yace, y para cuando comienza a mencionar su inteligencia una de sus manos recorre cada curva de su cuerpo, Hermione se retuerce intentando apartarlo, pero es en vano.- Me ayudarás, por supuesto que sí- continua diciendo- aunque antes me aseguraré de saciarme, y de paso; de joderte un poco. Y eso…es en toda la extensión de la palabra.
Y así; se acerco, apretó aún más los grilletes que la mantenían sujeta al camastrón de torturas; un pedazo de cemento tieso y frío para luego, sin dejar de mirarla fijamente; comenzar a desprender uno a uno los botones de su túnica de mago; dejando ver su cuerpo.
Fue la primera vez que Hermione observó la Marca Tenebrosa, negra y maléfica, contrastando en sus blancos brazos.
En un reflejo instintivo la castaña inclinó la cara hacia el otro costado, dispuesta a no mirar; mala idea. Sus manos de inmediato le apresaron la barbilla y le obligaron a girar bruscamente; tanto, que incluso sintió el sonido provocado por las vértebras. Era obvio que la actitud no le había gustado a él; más sin embargo eso no impidió que se siguiera desvistiendo hasta quedar desnudo para luego aprovecharse de su poder dentro de esa mansión.
-No, Granger, vas a mirar, y por tu propio bien, mantendrás la boca cerrada. Si quieres salir con vida de este lugar.- Los ojos de ella se aguaron, y aunque quiso evitarlo, sus lágrimas bajaron libremente por sus mejillas; traicioneras, estaba aterrada.- Te voy a preguntar algo, si no me dices lo que quiero o me sea útil, recibirás un castigo. ¿Qué es lo que busca Potter?- Cerraste los ojos con fuerza y te obligaste a no responder.
El castigo prometido no demoro.
Malfoy se subió a la mesa, quedando encima de su cuerpo. Y fue ahí cuando Hermione por fin desentraño lo que planeaba hacerle, y pataleando todo lo que pudo, se retorció y sacudió, e incluso intentó propiciarle una patada en la entrepierna; tratando de detenerlo, de evitarlo pero fue inútil. Él no reacciono de ninguna manera salvo dejando salir una risa falsa, fría y hueca.
-La gatita quiere pelear... Vaya, vaya.
Lo siguiente que ella llego a sentir fue la manera en la que la boca de Draco se cerraba en torno a su pezón derecho, mordiéndole con toda la intención de hacer daño. Hermione grito al mismo tiempo que sentía como la lastimaba y un hilillo de sangre bajaba hacia su estómago. Una de sus piernas se metió entre las de ella y se las abrió de un fuerte tirón, un agudo dolor le recorrió a lo largo de la parte interna del muslo, ya que no posee mucha movilidad y él fue tan brusco que el músculo pudo haberse desgarrado. No importaba cuánto luchara, parecía que eso lo enfebrecía mas y mas.
-Intentémoslo de nuevo, ¿qué planea Potter?- Hermione cerro los ojos con fuerza, no iba a decir nada- Maldición, Granger, te lo advertí.- gruño él más molesto que nunca.
La aplasto con su cuerpo, llevando la varita en su garganta.- Crucio.- murmuro. Sus gritos sonaron en toda la habitación, miles de cuchillas clavándosele nuevamente en cuerpo, perforándole, haciendo que deseara la muerte.
Una vez que los efectos de la maldición pasaron, Hermione sintió la manera en la que se posicionó entre sus piernas, ella lo miro, le suplico con la mirada que no lo hiciera, pero nada funcionó. Un nuevo grito salió de sus labios, al tiempo que sentía una erección frotarse contra su cuerpo. Hermione quería pelear, pero Malfoy no se lo permitió, ni siquiera le da tiempo a reaccionar cuando la penetra, quebrándole por dentro. Fragmentando su alma. El dolor es insoportable, ella intenta cerrar las piernas pero no lo consigue, él la tiene sujeta.
Está cada vez mas adentro, lo siente aunque no quiera y entonces llora en silencio. Le odia, pero ahora más que nunca le teme.
-Más te vale intentar relajarte, o será peor para ti. Espero que ahora no quieras desafiarme, Hermione, porque no estoy acostumbrado a violar mujeres, créeme; es lo único en lo que seré sincero. Lamentablemente para ti, no tengo más paciencia. Yo soy quien manda, ya te lo dije. Yo tengo el poder, y tú estás sometida a mi.- Cada palabra de Malfoy era afirmada por una estocada. Ella quería morir en ese mismo instante, Draco no solo le había golpeado y torturado; ahora le violaba y humillaba. Y lo seguirá haciendo.
El dolor que padece va más allá del corporal, en esos momentos le duele el alma.
Un grito particularmente desgarrador sale desde el fondo de su garganta cuando el miembro de ese ser la atraviesa hasta el fondo. Cierra las piernas, opone resistencia, pero su captor parece enfebrecido por cada muestra de resistencia que ella hace y la toma de la cara, obligándola a mirarle, al tiempo que lo que ella siente como un hierro caliente; desgarra su cuerpo por dentro.
De pronto, así como lo comenzó, terminó.
Él sale de su interior, y ella agradece que al menos no haya acabado dentro de su cuerpo. La deja en ese maldito lugar, desnuda, atada y vejada. Ella vuelve a gritar mientras las lágrimas caen libremente desde sus ojos hasta su cuello, vuelve a ser consciente del frío a su alrededor; solo que ahora percibe también un fuerte dolor en su vagina. En ese momento Hermione odia la maldita guerra y desea ser una simple muggle sin relación a la magia, donde por lo menos allí pueda fantasear con tener una vida normal y no vivir el infierno en el que está. Se odia a si misma, quiere una tina, meterse allí dentro y no salir más. Se siente sucia. Y lo peor es que sabe que nada de eso terminará ahí.

Después de que los capturaran y llevaran a la Mansión Malfoy, luego de que perdieron a Hermione allí, ninguno se atrevió a seguir fugándose, desde ese instante fueron a la casa de Bill, y se decidieron a crear un plan para rescatar a su amiga, con la ayuda de toda la Orden del Fénix. Tú no puedes evitar sentirte culpable, ya que sabes que no deberías de haber nombrado a tu rival, te lo advirtieron, y en un momento de exaltación no pensaste, fuiste igual de irracional que la vez que mataron a Sirius.
Tus ojos verdes se cierran del cansancio pero te niegas a dormir. Piensas que cuanto mas tiempo estés despierto mas podrás hacer por tu amiga, aunque sabes que no es así, que esta vez la jodiste y deberías dedicarte a seguir las órdenes de Remus, que es quien está a cargo de idear una misión para rescatar a tu casi hermana de las garras de los Mortífagos.
Así que se quedan en el Refugio y tu vez pasar tu tiempo allí.
Al menos, vivir con Bill te ha hecho notar los cambios notorios que éste ha sufrido después del ataque de Greyback. No es solo que la carne la coma media cruda, sino que además notaste como su carácter parece ser más explosivo ya que lo has escuchado algunas veces discutiendo con Fleur. Y pudiste comprobar también que tiene una gran fuerza, y que sus sentidos están mas desarrollados ahora.
Claro que también te has dado cuenta de que Ron te está esquivando, sabes que esta furioso y asustado, te culpa por lo que pueda sucederle a ella, de la misma manera en la que te culpas tu mismo. Cada vez que te permites dormir tienes continúas pesadillas en donde rememoras el momento en el que ves a Hermione retorcerse del dolor en esa sala, negándose a delatarte y decir tus planes. Sin mencionar que saben de los Horrocruxes.
-Harry.- La voz de Bill te hace pegar un brinco, no notaste su presencia.- Puedo ayudarte a entrar a Gringotts si es lo que deseas, pero necesito que confíes en mí, y me digas que es lo que buscas.- Posaste tu mirada en él, era una oferta tentadora, pero no quieres poner a más personas en peligro por tu culpa.
-No lo sé, Bill, no quiero poner a más nadie en peligro.- Ves como algo peligroso y oscuro brilla en sus orbes.-
-Tranquilo, sé cuidarme. Lo haré por mi hermano, está destrozado y no soporto verlo de esa manera.
Dudas por un momento; observando detenidamente a Bill. Para ser un hombre tan joven se notaba bastante maduro, los rasgos lobunos se habían encargado de ellos. ¿Podría confiar en él? Claro que si…pero ¿Sería prudente? ¿Sería responsable? ¿No estaría arriesgando a un ser querido más?...
Pero, quizás así fuera mejor, si él fallaba; alguien más debía encargarse de los Horrocruxes. Harry suspiro tomando una decisión.
-De acuerdo, te lo explicaré. El año pasado, antes de morir, Dumbledore me estuvo dando clases particulares para explicarme los puntos débiles de ese desgraciado, el punto es, que existen dichos puntos. – tomo aire antes de ver a Bill directamente a los ojos-Son los Horrocruxes: Fragmentos del alma que se logran matando a una persona. Consiste en dividir tu alma y colocar esos fragmentos en un recipiente… Es magia negra muy antigua y peligrosa. Tom Riddle cometió un error al hacer tantos, creemos que son siete, teniendo en cuenta la importancia que la comunidad mágica da a ese número. Albus destruyó uno: el anillo de los Gaunt. En mi segundo año, yo mismo destruí otro: el diario que Lucius Malfoy le dejó a Ginny. Y por último, Ron acabó con el relicario de Slytherin.
-Entiendo- murmuró Bill, concentrado- ¿Y cuáles son los que faltan?- Pregunto.
-Suponemos que buscó objetos que él cree de valor para crearlos, así que en un principio pensamos que tienen que estar relacionados con los fundadores de Hogwarts, además, estoy seguro de que considera ese su verdadero hogar, lo sé, yo también lo siento así. Y siguiendo esa línea creo que el resto tienen que ser objetos que hayan pertenecido a los fundadores. La copa de Hufflepuff es mi próximo objetivo. – Harry alzó una de sus manos colocándosela; en un gesto de cansancio, en el puente de la nariz- Creo que está en Gringotts, Lestrange se alteró demasiado cuando vio la espada de Gryffindor y algo que dijo me da pie a creer que es ella quien lo oculta en su cámara del banco. Me gustaría tener mas información, pero ya no se más.
El pelirrojo se levantó de su lugar, y sin decir ni una palabra se dirigió al pequeño despacho que hay en Shell Cotagge. Seguramente a buscar algún libro que pudiera ayudarlos, si es que conoce un poco al hermano mayor del clan Weasley.
En el fondo de su corazón está agradecido de la ayuda que le están dando, y también les agradece que no le reprochen nada. Así como se lo agradece también a toda la Orden en general.
Solo espera que también puedan rescatar a Hermione a tiempo, antes de que sea demasiado tarde.

¡Hola! Bienvenidos a un nuevo capítulo.
Bien, antes de que me odien, si ya no lo hacen, les digo que fic es un DarkDramione, MUY DARK. No se si lo advertí, la verdad. Sé que se lo dije a la beta y a todos los que sabían que lanzaría esta historia.
Mis disculpas si herí sensibilidades, y mis disculpas por la demora. La verdad es que esto esta planeado para ser lento, y no muy extenso (máximo de 30 capítulos, aunque dudo que pase los 25). Voy a actualizar una vez al mes si? No puedo apurar a IL, ella tiene cosas que hacer y no vive para mi, pese a que siempre (en serio) se haga un momento para corregirme. Y para mi en general, no en vano siempre estamos en contacto y demás.
Por cierto, hay un párrafo entero escrito por la beta. Gracias sis, no se que sería de ti. Te prometo que mejoraré! Ah y el próximo capítulo ya esta completo, falta corregirlo^^. Buenas noches, que descansen.

martes, 11 de septiembre de 2012

Capítulo 4


Disclaimer: Personajes de JK.
Beta: ILSly.

Máscaras
Los grilletes le lastimaban las muñecas, su cuerpo volvía a estar entumecido producto de lo duro y frío que era el lugar donde yacía, nuevamente le costaba trabajo respirar, aunque esta vez nada tenían que ver los Crucios, y lo único que su mente y su instinto podían percibir era el miedo.
Del más puro y primitivo.
La oscuridad de aquel lugar era desgarradora, perfectamente comparable a la oscuridad que dejan la muerte y la soledad. Y es que probablemente había tentado muchas veces a la suerte, y salido con vida todas ellas, pero ahora, otra era la historia.
Apresada por los Mortífagos, prisionera de aquel que siempre la odió, que la humillo. Y a quien, curiosamente, también hubo humillado. Ese chico que se convertía en un hombre, perverso, malvado; sin rastro alguno de humanidad… Draco Malfoy.
Su maltratado cuerpo pedía que todo acabara pronto, más su orgullo, su corazón valiente; puro y noble, ese corazón Gryffindor le decía que debía seguir aguantando, que si iba a morir, debía hacerlo valientemente y seguir luchando. Ella iba a morir por sus amigos, sus ideales. Por ella misma.
Pero Hermione comenzaba a pensar que la intención de su captor no era matarla pues cada tortura, cada golpe, cada maltrato recibido venía después de que ella se negara a contestar alguna pregunta sobre Harry o sobre la Orden, ella comenzaba a sospechar que el objetivo de Voldemort era sacarle información.
Que equivocado estaba si creía que lo iba a conseguir.
No sabía cuanto tiempo llevaba en las mazmorras, cuantas noches había estado calándose de frío a punto de enfermar, o cuantos golpes ni moretones cubrían su cuerpo, mucho menos cuantas veces notó la mirada oscurecida de Malfoy, mirándola sufrir, analizando sus movimientos y sus palabras, incluso más de una vez, creyó notar como la mirada se le oscurecía de deseo.
Era ilógico eso, él la odiaba, él se divertía con su sufrimiento, no podía desearla. Pero no encontraba otro motivo por el que se le pudieran oscurecer las pupilas cuando su mirada vagaba por sus curvas, ella lo había notado pero nada podía hacer.
La celda en donde estaba se abrió, permitiéndole ver a Theodore Nott, el encargado de su tortura. Esa vez más que nunca se le veía perverso, imponente y oscuro. Rodeado de la sombra que deja la muerte, envuelto en un aura negra, los ojos oscurecidos completamente y con una sonrisa; malvada y maldita, adornando su rostro.
Parecía un ángel caído del cielo; o subido del mismo infierno.
El mortífago se acercó a ella lentamente, saboreando cada paso. Hermione lo miraba temerosa, con él nunca sabía de donde podía provenir el golpe, pero para su asombro él solamente la libero de los grilletes.

Pansy Parkinson, sangre pura, Slytherin y perfecta. Una niña que ocultaba condenadamente bien su verdadera personalidad bajo la careta adecuada. En el colegio, una chica frívola y superficial. En su Mansión, la chica consentida de su padre, pura, casta, obediente; inocente.
Con los mortios más peligrosos, la alumna sagaz, fría y calculadora, aquella capaz de matar a sangre fría.
Ella, con sus ojos azules y su cabello negro como la noche, es la imagen perfecta de la inocencia y la sensualidad, porque esa mujer puede ser una serpiente o una leona, sólo ella podrá con esa misión, es la indicada, la que Lord Voldemort necesita, y lo hará. Mejor que cualquier otra. Es una chica, una mujer, que sabe desenvolverse en cualquier ámbito, puede matar con tanta facilidad como puede ponerse a llorar. Criada en el mundo de la fingida cortesía, educada para sonreírle a todo aquel que se le ponga enfrente. Nadie controla mejor los gestos que ella, nadie a excepción de Malfoy, pero para esta misión es imprescindible que sea una mujer. Nadie desconfiará de esa chica con aspecto y mirar de ángel, ningún miembro de la tan preciada Orden del Fénix desconfiara de ella, nunca sabrán que hay un infiltrado.
Y para lograr ese objetivo, infiltrarse en los buenos, debilitarlos desde dentro, necesitan golpear a uno de los eslabones más fuertes y más cercano a Harry Potter. Por eso lo eligieron a él, un hombre, recién casado, joven y fuerte, valeroso pero inexperto. Es atractivo, endiabladamente atractivo. Inteligente y perspicaz, alguien con quien hay que saber mover muy bien las piezas si quieres no ser descubierto, pero al mismo tiempo el más sencillo de engatusar. Porque a pesar de ser noble, dentro de si, convive una parte oscura, indecisa, que solo espera a quien sepa jugar su juego para despertar, cual títere a la persona que mueve sus cuerdas.
La encargada de comenzar a jugar y mover las cuerdas es ella, la única que podrá dominarlo a su antojo, Pansy.
Porque su objetivo es simple, y al mismo tiempo difícil. Porque conquistar a Bill Weasley será un reto, y cuando lo logre, un verdadero placer. Fue ese el mayor motivo para aceptar.
Ahora, mientras lo observa caminar con cautela por Diagon Alley, se da cuenta de que tal vez, y solo tal vez, eso será más complicado de lo que parece. Porque ningún hombre anterior logro mojarle las bragas como lo hace ese hombre con una sola mirada y su forma de caminar, porque sí, William Weasley acaba de mirarla como si no hubiera otra mujer en la tierra.

Hermione camina lento, arrastrando los pies y mirando al frente. Su agotamiento físico y mental no le permite más.
Vagamente distingue varias puertas, está segura de que ninguna es la de la habitación de Draco, por lo que intrigada presta un poco más de atención. Aún no ha salido de la parte tenebrosa de la casa, las paredes oscuras y lúgubres se lo dejan saber, de seguro está en una especie de sótano. No muy lejos de las mazmorras.
De pronto siente unas manos grandes, demandantes, sujetarla fuertemente por el brazo y hacerla parar. Nott utiliza su varita para abrir una puerta en la pared de la izquierda y Granger se paraliza del miedo.
Es una sala de torturas muggles.
El castaño la empuja dentro, y ella sin fuerzas para pelear lo permite. La sala esta vagamente iluminada, pero es suficiente luz como para hacerla entrecerrar los ojos, acostumbrada a la oscuridad, hay cuatro antorchas con un fuego color verde, una por cada esquina. En el centro, una cama de hierro, igual a la que había en donde estaba, con grilletes. Al costado de aquella especie de lecho hay una silla. Las paredes del lugar están cubiertas de objetos que Hermione no vio nunca, pero que esta segura, no le van a agradar en absoluto.
Theodore la guía hacia la cama, y como si fuera una pluma la alza y acuesta sobre ella. No la ha sujetado por el momento, pero sabe que no demorara mucho en hacerlo. Él comienza a bajar el cierre del vestido que lleva puesto, lo hace tranquilo, sin mirarla, pero recorriendo con sus manos la mayor cantidad de piel expuesta posible, Hermione se remueve inquieta y asustada por el rumbo que todo está tomando. Sus ojos chocan, azul contra marrón.
-Ordenes del jefe.- pronuncia Theo.
Ella gime asustada, ahora sabe que Malfoy esta detrás de todo eso.

-Has logrado algo con la prisionera, Draco.- pregunta, aparentemente tranquilo e imperturbable, Lord Voldemort.
Malfoy aprieta los labios, convirtiéndolos en una fina línea sobre su rostro, tratando de encontrar una respuesta que satisfaga a su Señor. Negándose completamente a admitir que la chica no esta cooperando, furioso consigo mismo al ver que sus métodos no surten el efecto esperado.
-Tomaré tu silencio como un no, Malfoy.- prosiguió el hombre, caminando elegantemente por el despacho que los Malfoy le prestaron tan amablemente. Marcando su presencia allá donde pasara, pero sin lograr intimidar al chico, un mocoso, en lo más mínimo.- Fue una buena idea, usar uno de nuestros reclutas para una misión parecida, lamentablemente, aún no hemos podido llevarla a cabo.- volvió a hablar, deteniéndose frente al chico, quien a pesar de ser conocido por todos en la mansión, llevaba puesta la túnica y la máscara propia de los Mortífagos.
-Señor, si solo me diera un poco más de tiempo… Quizá podría utilizar otrasmaneras para sonsacarle información sobre Potter…- comenzó el rubio con un gesto de sumisión.
-¡Tiempo! Todo se reduce al tiempo, Draco.- dijo el mago oscuro, sus ojos rojos brillando de enojo.- Éste nos apremia, no puedo permitir que Potter me derrote, y todo depende de tu brillante actuación con la señorita Granger.- Detuvo nuevamente su caminata, parándose frente al chico.- Tienes exactamente un mes, Draco Malfoy.
El vestigio de lo que alguna vez fuera Tom Riddle, un adolescente guapo e inteligente, elegante, la representación perfecta de lo que un mago sangre pura que se precie debe ser, salio del recinto con su caminar seguro y Nagini enroscada en su cuello.
El heredero de los Malfoy, en cambio, permaneció unos momentos más parado en medio de aquel despacho decorado elegantemente, un rictus que es mezcla de enojo, asco y temor pintado en sus facciones aristocráticas. La cabeza agacha, impidiendo que sus ojos sean descubiertos, su plan de venganza tomando más fuerza en su mente. Súbitamente da media vuelta y sale a paso raudo y veloz en camino a las mazmorras, con una decisión tomada y la magia a punto de desbordarse de su control.

Imagen ilustrativa del capítulo 3

Imagen ilustrativa del capitulo 3 ^^

Capitulo 3


Disclaimer: Personajes de JK Rowling.
Beta: ILSly.

El placer del dolor
Capitulo3: Prisionera.
Allí, parado frente a ella, se erguía en pose orgullosa y altiva su captor, Draco Malfoy: Su verdugo. Porque Hermione sabe, durante todo el tiempo que lleva encerrada, lo supo; Draco Malfoy es su verdugo, que será él quien la lleve a la muerte.
Su seguridad flanquea al tenerlo frente a frente, cara a cara, pero su orgullo Gryffindor no le da tregua, ella no permitirá que un Sangre Pura le domine y la doblegue a su voluntad. Pese a temer un ataque, un crucio quizás; por parte del mortífago, Hermione alza la cabeza y a duras penas compone un gesto de desprecio en su cara.
Está en sus manos pero no por eso dejará que la desprecie.
Malfoy la ha mantenido con vida, es conciente de eso. Él es quien mandó la llevaran a su actual cuarto, y esta segura de que Lucius Malfoy no la ha matado por órdenes de su hijo. Ahora todo tiene sentido, Zabini es amigo del rubio, y es su padre quien se encarga de herirla psicológicamente. No entiende cómo no lo noto antes… Malfoy la vigila constantemente, ¡y ella no se dio cuenta!
-Entra.- le ordena con voz indiferente, pero con los ojos relampagueando furiosos. El color gris está oscurecido, ya casi son negros.- ¡Entra!- vuelve a ordenar.
-Nunca, hurón. No me manejarás a tu voluntad, ¡antes prefiero morir!
Draco avanza a paso rápido, y sin importarle la fuerza aplicada la toma del brazo con brusquedad. Está enojado y no tiene paciencia para discusiones con prisioneras. Hay demasiadas preocupaciones rondando en su mente como para ponerse a pelear con Hermione Granger.
Lo preocupa su situación, la de su familia, ya ni siquiera su tía Bellatrix posee la confianza de antaño que El Lord depositaba en ella, y todo por culpa de la fuga de Harry Potter. Así que ahora su único fin es sacarle información a la chica, aunque sabe de sobra que eso no es tarea fácil, pero lo conseguirá. No le importan los métodos que vaya a utilizar, no le interesa maltratarla, ni nada. No tiene siquiera un límite de tiempo pues Lord Voldemort no se lo impuso, sabiendo probablemente que no será nada simple.
Su Señor sólo ordeno saber los planes de Potter, y eso es lo que él piensa averiguar, usando para ello no solo su astucia, sino también los métodos más crueles que se le puedan ocurrir.
La arrastra hacia adentro de su propia habitación, y le dice a Blaise que ya cumplió con su trabajo, Zabini inclina la cabeza a modo de saludo y desaparece caminando con aire despreocupado, pero elegante.
Lentamente voltea, mirando hacia dentro, Hermione le mira con mirada centelleante de furia, aunque puede notar cierto brillo de temor. Sonríe complacido del efecto que provoca en la chica y camina dos pasos hacia delante, notando como ella retrocede la misma cantidad de pasos, quedando acorralada entre la pared y su escritorio, la sonrisa en su cara se ensancha.
-Vaya sangre sucia, pensé que serías mas valiente. Pero parece ser que eres solo una gatita acorralada.- dijo el rubio con sorna, divirtiéndose a su costa.
Hermione sólo le envió una mirada de desprecio para cruzarse de brazos y darse la vuelta, dándole la espalda. Cosa que enfureció a Draco a niveles extremos, así que decidido a mostrarle a Granger quién mandaba se acerco lo suficiente como para no permitir que ella diera siquiera un paso.
-Y por lo visto tampoco entiendes, ¿verdad Hermione? Yo soy quien manda, niña. Estás en mis manos.- Por algún extraño motivo, la castaña se estremeció cuando su nombre salió de los labios del mortífago, y a él le produjo placer notar eso. Tenerla tan cerca comenzaba a hacerlo perder los nervios.
-¿Qué deseas de mi, Malfoy? Aunque esté en tus manos nunca te obedeceré, no conseguirás nada.- Respondió ella, tratando de ignorar la presencia del chico, cosa bastante difícil debido que podía sentir su respiración rozarle el cuerpo y erizarle la piel.
Draco entorno los ojos, esa impura estaba sacándolo de quicio, enfrentándolo y demostrándole que no podía con ella, pero ya todo eso acabaría, él mismo se encargaría de hacer que Hermione Granger aprendiera una lección y dejara de ser una niña prepotente que sólo lo desobedecía.
Fijó sus ojos en el cuerpo de ella, mirándole de arriba abajo, recorriendo sus curvas, delineando su figura. Sí, Granger tenía un cuerpo de infarto por más que se empeñara en ocultarlo, quizá, si no se mostrara tan mojigata en Hogwarts, incluso podía haber tenido un par de encuentros furtivos con ella. Entonces recordó la mirada marrón de la castaña mientras la torturaban y una idea surgió en su mente: la seduciría.
No se imagina lo equivocado que está.
Poso sus manos en la cintura de ella, y volvió a sentir como se estremecía, produciéndole una nueva sonrisa, pero no por eso detuvo sus movimientos. Siguió con sus manos fijas en la cintura de la castaña, pasando también su nariz por su cuello, aspirando el aroma a Jazmín de su cuerpo. Sentía claramente el temblor del cuerpo de ella bajo su tacto, frágil y a la vez luchando contra las sensaciones que la invadían.
-Vamos, Granger, admítelo. Estás disfrutando el tenerme tan cerca, el sentir mis manos sobre tu cuerpo. No lo niegues tus reacciones te delatan, apuesto a que estás toda mojada.- Hermione cerro los ojos fuertemente, apretando los párpados. Malfoy tiene parte de razón, pero nunca; ni bajo pena de muerte; va a admitirlo.
De pronto abre los ojos desmesuradamente, con sorpresa, al sentir las manos del chico bajar hacia su cadera, para comenzar a levantar suavemente y con parsimonia la falda del vestido que lleva puesto.
-Suéltame, maldito hurón.- Escupe con furia tratando de zafarse de sus caricias, en vano.
Pero Draco no la suelta, sino que sigue con su propósito. No piensa detenerse a menos que realmente el cuerpo de ella le diga que sus roces no provocan nada. Quiere seducirla y tiene dos motivos para hacerlo, el primero: así será más fácil su venganza, el segundo: quizá eso logre hacer que le diga los planes de Potter; consiguiendo de esa forma la aprobación de Su Señor.
Con suavidad la toma por la cadera y le da vuelta para verla a los ojos mientras la tortura dulcemente, subiendo el vestido de manera delirante, lentamente, pero marcando a fuego su tacto sobre la suave y tersa piel que para él es desconocida. Aunque dentro de su pecho, o tal vez en su orgullo, se siente herido, esperaba después de todo que fuera más difícil, que ella no permitiera tan rápidamente que la tocara.
Y eso es lo que hace que aunque quiera poseerla sólo para demostrarle que él tiene el control, sus planes cambien.
Tan pronto como comenzó con aquel juego, lo acabó… de manera brutal y violenta, olvidándose por completo de ese fuego interno que parecía consumirlo, para dar paso al hielo y cubrirse con su máscara de cinismo, para no respetar a la mujer que sigue estremeciéndose aún sin sus caricias, para dejar que su odio lo domine. Su mano vuela rápida y certera hacia el cuello de su prisionera, apresándolo con fuerza, apretando con ansia asesina, con sed de venganza.
Los ojos marrones de Hermione se abren del asombro mientras contempla esas orbes grises que la miran con el más puro odio, la respiración se le vuelve dificultosa debido a la presión ejercida sobre su garganta, pero en ningún momento baja la mirada, desafiando a su captor, demostrándole que si es necesario morir lo hará con orgullo. A pesar de que en su corazón un sentimiento sin nombre y que trata de apagar, de enclaustrar bajo siete candados para no dejarlo salir a flote, hace que Draco Malfoy sea una parte en su vida de la que no quiere escapar, sabe que no puede ser y que no será nunca, no le importa que la mate, ni le interesa lo que le haga, por eso cuando su cara gira con fuerza para un costado, producto del increíble puñetazo que él le aplica, no suelta ni una lágrima, no mueve ni un músculo.
-Eso es por el del tercer curso.- dice Draco, hablando lentamente, tratando de controlar sus actos.
Ha perdido el dominio de su cuerpo sólo un momento, un efímero instante que basto para hacer que se diese cuenta de que su venganza no debía ser a base de heridas físicas, o no por ahora. Ya no volverá a dejarse llevar, buscará formas más sutiles de hacer que la impura hable sin perder el objetivo de su venganza: seducirla.
La escucha respirar agitadamente y voltea a mirarla, ella no se ha movido desde el brutal golpe, sigue inclinada sobre un costado y la única diferencia es que ahora una de sus manos esta posada donde comienza a formarse un moratón violáceo. Pero no se mueve, quizá sea prudencia, quizá temor, valentía… O talvez solo sea que no va a moverse, ella no es tonta.
A pesar de ser un mortífago, un asesino potencial, Draco no es un hombre miserable, detesta golpear a las mujeres, esa es la única diferencia que tiene con Lucius, de resto él y su padre son iguales, en el físico: ambos rubios, de ojos grises, con porte altivo y elegante, caminar seguro, ambos arrastran las palabras; y en el carácter: personas fuertes, decididas, soberbias, arrogantes, impulsivos, calculadores, fríos e inexpresivos, apasionados… Pero su padre suele golpear a las mujeres, él no. Aunque si tiene que ser sincero, tampoco le importaría golpearla cuando lo desobedezca, quizá y de esa forma logre aprender que él es quien da las órdenes y ella debe obedecer.
Una pequeña demostración de su poder con ella no le hará mal.
-Has sido tratada decentemente sin merecerlo, deberías estar agradecida Granger, ningún prisionero ha recibido tal trato en esta casa.- Él habla lento, saboreando las palabras. Estudiando a su presa.- Pero eso va a acabar… ¡Nott!
Hermione reacciona frente al llamado de Malfoy, recuerda a Theodore Nott, es un estudiante de Slytherin que solía pasar mucho más tiempo que ella en la biblioteca, la última vez que lo vio estaban en quinto curso. Era un chico alto, con una complexión parecida a la de un niño, cabello castaño y ojos azules. Si tuviera que describirlo con una sola palabra esa sería "solitario". Theodore Nott era un chico solitario. Nunca supo de él luego de ese año, supuso que lo habían sacado del colegio, pero no estaba segura. Y a decir verdad, tampoco le interesaba saber mucho de ese chico.
Ahora, viéndolo por primera vez en dos años, podía notar los cambios en el chico. Ya no parecía un niño muy alto, sino que sus músculos se apreciaban aún a través de la ropa, había crecido un poco más llegando casi al metro ochenta de estatura, sus ojos azules brillaban más que nunca, el cabello castaño lo llevaba cortado irregularmente pero por sobre los hombros, atado en una descuidada coleta. Y su aura parecía envolverlo, era maligno, casi perverso.
Y ella sintió miedo.
Mucho miedo.
-Espero que tu estadía en las mazmorras de aquí sea agradable, Hermione.- Pronuncia Draco.- Nott, que no reciba ningún tipo de atención, es una impura, una prisionera. Será nuestro juguete.

viernes, 6 de julio de 2012

Capítulo 2

Hola!! Bueno, les dejo el segundo capí del fic. 

Primero se lo dedico a mi hermana, Ines, que es su cumple^^ Y segundo se lo dedico a mi amigo, cierto rubio que a veces recuerda a Draco solo que bastante más tierno y bueno^^. Recuperate, estamos apoyándote. Y sé que eres fuerte y que te mereces seguir adelante. Confío en ti.
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Disclaimer: Personajes de JK Rowling.
Beta: ILSly.

El placer del dolor…
Capitulo 2: Bienvenida al infierno, Granger.
Aún no se acostumbraba a la sensación de la tela suave y sedosa cubriendo su cuerpo, ni tampoco a sentir la superficie mullida del colchón que soportaba su peso. Pero no se quejaba, de hecho, ni siquiera hablaba, pese a ser tratada de forma medianamente humana, Hermione seguía sintiendo temor de estar allí.
En el tiempo que llevaba prisionera había aprendido que era mejor callar y dejarse hacer. Los Malfoy la odiaban y buscarían cualquier excusa para lastimarla. Si bien la única vez que sintió el peso de una maldición imperdonable fue cuando la capturaron, sabía que un falso movimiento podría dejarla a merced de nuevas torturas.
Cada mañana, tarde y noche continuas batallas se libraban en su mente, unas en la que poco a poco iba fracasando. A todas horas se repetía inconscientemente que Harry y Ron podrían ayudarla, que la buscarían y la sacarían de ese horrible lugar. Ellos no la dejarían sola en ese horror, Hermione se obligaba a recordarse que sus amigos la rescatarían.
Sus captores le permitían andar a sus anchas por el lugar, mas específicamente en ese piso de la enorme mansión. Podía bajar a la cocina si era escoltada por algún mortífago sediento de venganza, la mayor parte de las veces su escolta era Blaise Zabini.
Hermione, sin embargo, prefería ser escoltada por el mismo Voldemort antes que tener que pasar tiempo cerca de ese moreno de ojos verdes que, sin disimulo alguno le recorría el cuerpo con la mirada, ella escogía ser torturada por Draco Malfoy mil veces, antes que percibir la respiración agitada y las manos inquietas del moreno Slytherin sobre su cuerpo.
La casa era grande, con enormes ventanales y una cocina que de tamaño no le envidiaba nada a la torre de Gryffindor entera. Los muebles eran todos de ébano, caoba y roble haciendo que por cada lugar que pasara la opulencia fuera aberrantemente gritada. Ella solía comer en platos de baja calidad, pero podía observar hermosas piezas de cristalería y cubiertos de refinada plata. Sin contar la infinidad de elfos domésticos que populaban de un lado a otro. Llevando toallas, cocinando exquisitos platos que eran el sueño de mucha gente en todo el mundo, e incluso para los otros prisioneros que de seguro estaban en los calabozos.
Podría decirse que estaba prisionera en una jaula de oro.
El tiempo allí ya la estaba enloqueciendo; Hermione no sabe ya cuantas lágrimas ha derramado, ni cuantas noches ha deseado su muerte, así como la de Lucius Malfoy.
¡Maldito ególatra desquiciado! El recuerdo de la primera noche en la que los ojos color mercurio miraron su cuerpo con morboso placer no deja nunca de estar presente en su cabeza, haciendo que se sienta sucia, impura, ultrajada…

Lucius Malfoy se dirigía, con paso solemne y seguro, hacia la habitación designada y elegida por Draco, para la sangre sucia amiguita de Potter.
No había necesitado más que mirar a su hijo para saber cuáles eran los planes que tenía con ella. Quería venganza, al igual que él, y no dejaría pasar la oportunidad. Esa niñata se merecía sufrir, pagar por todo lo que había causado; pagar por su tiempo en Azkaban, por humillar a un Malfoy como ella lo había hecho. No necesitaba más motivos, con esos le alcanzaban lo suficiente como para lastimarla.
Las indicaciones de su primogénito fueron claras, no quería herirla físicamente; y él no lo haría. La sometería a la tortura psicológica, eso sería suficiente. Ni siquiera la tocaría, solo de pensarlo le daba asco; no, esa impura no merecía tocarlo, nunca tendría ese privilegio.
Lucius entra en el cuarto sin llamar, no tiene por qué hacerlo, esa es su casa y no debe pedir permiso. Así como tampoco debe tratarla como persona, ella es una prisionera y será tratada como tal, incluso peor. Una sonrisa autosuficiente adorna su rostro al mirarla, con el cabello alborotado, las ropas hechas harapos mostrando parte de su cuerpo, la cara magullada. Está temblando, mirándolo con el temor pintado en sus pupilas sin poder contener los espasmos que la recorren.
-Veo que has despertado.- dice arrastrando las palabras, acercándose un paso a ella, sonriendo cuando la ve retroceder.
Hermione siente que la poca confianza reunida desaparece de sopetón, ya no se siente tan valiente como otras veces, esta desprotegida en la casa de un mortífago sin saber de sus amigos, sin saber que sucedió y que sucederá. Nota la mirada de ese hombre posada en sí misma y por primera vez en su vida no puede evitar sentirse como un insecto, pequeño e indefenso, tratando de escapar de una ave de rapiña.
Le escucha pronunciar unas palabras sobre que ha despertado, y lo ve acercarse un paso. Como si fuera un acto reflejo, retrocede. Pero antes debe saber como se encuentran sus amigos, debe usar su valentía y dejar de lado sus temores, hacerle frente y erguirse orgullosa pese a su situación.
-Mis amigos me sacaran de aquí.- pronuncia con mayor seguridad de la que siente, aunque agradece que no le haya fallado la voz. Los ojos de Malfoy brillan peligrosamente.
-¡Tus amigos no te encontrarán!- exclama con furia. Luego sonríe maliciosamente, ha encontrado el contraataque perfecto.- Aunque me moleste decirlo, impura, tus amigos ya han escapado de aquí… Y como veras, no te han rescatado. Quizás no te necesiten, quizá no quieran tener tan indeseada compañía.- con cada palabra los ojos marrones de la Gryffindor se iban cristalizando, producto de las lágrimas acumuladas.- ¡Oh! Pero no te sientas mal, no es eso lo que quiero.
Lucius Malfoy no evita su sonrisa orgullosa al notar como con cada palabra la seguridad de su prisionera parece perder fuerza.
Pero pronto se aburre, él no busca hacerla sentirse miserable, al menos no desde tan temprano, él desea una batalla verbal, poder ver como poco a poco, Hermione Granger, pierde la cordura.
-Volverán, lo harán.- pronuncia ella, con voz temblorosa y varias lágrimas cayendo por sus mejillas. La declaración del mortífago la había impactado y dolido, pero procuró recordarse cual era su objetivo… ganar tiempo y salvar a Harry Potter, sin importar el precio a pagar.
-No he venido aquí para eso, asquerosa sangre sucia.- pronuncia él. La recorre con la mirada, y; al igual que su hijo, no pudo evitar reconocer interiormente que se había convertido en una mujer. Observa su aspecto y decide que ya que ocupa una habitación decente, debe estar verse apropiadamente y presentable.- La puerta que está a la derecha es un baño, has un favor y límpiate, si vas a estar bajo este techo, tendrás que vestir de una forma presentable, mandaré a los elfos domésticos con algo de ropa. Y que no se te ocurra pasar por alto mis órdenes.- Luego de eso, sale del lugar dando media vuelta sin mirar atrás.

Aunque Malfoy no la haya tocado nunca en el tiempo que lleva allí dentro, la hace sentir inferior y eso la molesta. No puede soportar la sensación de que estén despreciándole continuamente, ni menos el que logre hacerla pensar de esa manera. Porque sí, ella no puede evitar pensar en que tienen razón, en que ella es inferior.
No puede, tampoco, dejar de estremecerse cada vez que sus ojos color mercurio parecen perforarla, lo ha intentado, pero simplemente es como si su fuerza y valentía desaparecieran sin dejar rastro. Y eso solo logra molestarla más.
Aunque puede que la repentina desaparición de su principal captor, Draco Malfoy, la afecte más de lo que debe. Incluso más que la tortura psicológica a la que está sometida por Lucius.
Porque desde que está encerrada, solo vio a Malfoy aquella vez en la que Bellatrix la torturaba. La única vez que se topo con el hurón fue cuando él mismo mandó a que la llevaran a ese lugar, luego de eso no supo más. Y teme que eso empeore su situación, es mejor tener al enemigo cerca. Ella no quiere perder a Draco de vista porque eso significa no saber qué puede ocurrirle en la mañana.
Pronto se lleva una gran sorpresa, ha salido hasta la cocina, acompañada de Zabini, como es costumbre. Camina sumida en sus pensamientos, en sus recuerdos; así no nota hacia donde es conducida, ella simplemente se deja guiar, tampoco siente cuando el moreno detiene su andar frente a una gran puerta doble. Solo percibe esos detalles cuando una voz, por demás conocida para ella, pronuncia:
-Bienvenida al infierno, Granger.
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Besos, Ceci.

miércoles, 27 de junio de 2012

Capítulo 1

¡Hola! Vengo a informarles que ya está publicado el primer capítulo del fic. Lo pueden encontrar en FanFiction.Net, pero debido a una política de rating voy a publicarlo aquí también para no tener problemas. Disfrútenlo ^_^


Resumen: Tener a Hermione Granger de prisionera puede ser algo muy beneficioso para obtener información. Y algo muy peligroso si involucramos una venganza y una serie de reacciones se desencadenan en nuestro interior. Draco Malfoy sabe muy bien lo que les dice. DRAMIONE, LONGFIC.

Disclaimer: Personajes de JK Rowing.
Nota de autora al final. Beta: ILSly.

El placer del dolor.
Capítulo 1:
Podía sentir el miedo, el terror, correr por sus venas.
Las palabras llegaban distorsionadas a sus oídos, el dolor físico era insoportable; le embotaba los sentidos y su cerebro no quería escuchar, se esforzaba por no escuchar.
Sentía pavor de oír la palabra que haría a su cuerpo retorcerse en dolor, la palabra que evocaría la maldición de la que tanto había escuchado hablar, esa que era temida por todos; salir de la varita de Bellatrix Lestrange. La bruja con el mayor talento innato para maldecir.
Sentía miedo de que un nuevo Crucio resonara en la sala.
Su cuerpo tirado en el centro estaba hecho un ovillo y demostraba debilidad, tal como debía ser ante los sangre pura, ante sus superiores. Cada uno de sus músculos estaban agarrotados, aún temblaba producto de los impactos de maldiciones anteriores, miles de cuchillas parecían atravesarla. Sabía que sus amigos también se encontraban en la mansión, apresados en los calabozos seguramente.
En ese mismo instante su vida no le importaba, su único objetivo era ganar tiempo, un presentimiento le decía que la ayuda llegaría, que sólo debía ganar tiempo, para que; de esa manera Harry Potter pudiera salir de allí con vida. Y la mejor manera para lograrlo era ofrecerse como señuelo.
Cada respuesta que daba era por acción automática, no pensaba, solo actuaba, contando con poco tiempo, éste apremiaba. Solo esperaba que la ayuda llegara rápido, no sabía cuanto mas podía aguantar, el dolor era insoportable.
Trató de enfocar su vista en algún lugar de la sala, pero desde su posición en el piso era un trabajo complicado, llegaba a distinguir a Greyback a un costado, esperando impaciente para poder lanzarse sobre ella. Su atacante; Bellatrix, se encontraba al frente mostrando un aire sádico e imponente, serena y agitada. Al otro costado se encontraba la señora Malfoy, Narcisa, altiva a pesar de que la situación no le agradase. A la izquierda de la mayor de las hermanas Black, Lucius Malfoy miraba con desdén a la impura que estaba en suelo, mientras que a la derecha las orbes grises de Draco brillaban con fiereza, pero sin que se pudiera identificar el verdadero motivo de tal brillo.
Hermione se quedó mirando esos ojos; aunque fuera por última vez. Si iba a dar la vida por sus amigos, por lo menos, vería esos ojos color plata, disfrutaría de deleitarse con ellos en ese mismo momento, saciaría la sed que desde el colegio estaba instalada en su ser. Seis años mirándolo en secreto, seis años de suspirar por él, a pesar de los insultos y las peleas, seis años de guardar esa atracción en lo más profundo de su corazón.
Se le cortó la respiración cuando el peso de la mirada del príncipe de Slytherin recayó en su persona. Una perversa sonrisa surco el rostro del primogénito de los Malfoy, una sonrisa que no presagiaba nada bueno, nuevamente el temor comenzó a apoderarse de su cuerpo. Quedó paralizada al escuchar las palabras del blondo.
- No conseguirás nada de la sangre sucia, tía.
-¿Y qué es lo que pretendes entonces, Draco?- contesto la mortífaga sin despegar la vista de su prisionera.
-Encárgate de Potter y del pobretón, déjamela a mí, usaré mis métodos.
Podría recordar muchas cosas de ese momento, pero sería una blasfemia no recordar el brillo lujurioso que las orbes del chico presentaban, sería una infamia el olvidar la sonrisa y la mirada libidinosa de Lucius Malfoy en esos momentos. No se podría pasar por alto la sonrisa orgullosa que surcaba el rostro de Bellatrix, y eso, eso fue lo que realmente la atemorizó.

Veía el cuerpo de la impura retorcerse y gritar en el piso, a causa del dolor que le provocaban los repetidos Cruciatus que impactaban en su ser. Se podía notar como la respiración era trabajosa, como sus músculos estaban agarrotados, pero aún así no hablaba, aún así se mantenía firme en sus ideales. No traicionaba a sus amigos, a su causa. Mentía y ofrecía su vida por protegerlos…
En el colegio nunca se había detenido a mirarla, ella era una impura, escoria, no merecía su atención. Pero verla ahí, en el suelo de su casa, siendo torturada, con una entereza difícil de creer, eso, sí que le llamó la atención. Entonces no pudo evitar mirarla, no pudo negar que era toda una mujer, no pudo pasar por alto el que ya no era la niña mandona y mojigata que caminaba por los pasillos de Hogwarts.
Casi podía oler el miedo de la chica, lo notaba en sus ojos, el color miel que usualmente brillaba en una mezcla de valentía y conocimiento se encontraba opacado. Aún brillaban, sí, pero se podía palpar en el aire que era por temor…
Verla débil, desprotegida y sin sus amigos, podría ser considerada por Draco como una parte de su venganza, venganza por todos los años de humillaciones y desprecios, venganza por el puñetazo que le dio en tercero, venganza por mandar a su padre a Azkaban. Pero esto solo era una parte, una mínima parte de su plan, le haría pagar cada uno de sus desprecios. Con creces.
La venganza es un plato que se crea caliente, pero que se saborea en frío. Y él, lo disfrutaría al máximo.
Su mente trabaja a mil por hora; casi podía sentir a su cerebro funcionar, buscando y seleccionando un plan lo suficientemente bueno como para que esa niñata impura suplicara su muerte y rogara que todo acabase. Entonces fue cuando notó el peso de una mirada sobre sí mismo, sintió ganas de reír sin parar cuando se dio cuenta de quien lo miraba. La sangre sucia se encontraba mirándolo desde el suelo, casi con placer.
Draco no pudo evitar que una perversa sonrisa surcara su rostro, sin saberlo, la misma impura acababa de darle una venganza perfecta, una que la haría sufrir como nunca, una que dejaría a su alma corrompida por siempre.
-No conseguirás nada de la sangre sucia, tía.- dijo con la mirada fija en el cuerpo de la joven.
-¿Y qué es lo que pretendes entonces, Draco?- contesto la mortífaga.
-Encárgate de Potter y del pobretón, déjamela a mí, usaré mis métodos.
Un enorme placer le recorrió la espina dorsal al ver como la chica parecía encogerse mas en su lugar, luego pudo percibir la sonrisa y mirada de su padre, quien seguramente querría participar de su plan y él; por supuesto, no se lo negaría. Lo que mas orgulloso de sí mismo lo dejó, fue la sonrisa orgullosa que adornaba el rostro de su tía, seguro de que tenía toda la aprobación necesaria para llevar a cabo su plan.
Aunque primero no le quitaría a su querida tía el disfrutar un poco más de su nuevo juguete, de la reciente adquisición de la amiguita de Potter.
No se negaría a sí mismo el escuchar sus gritos una última vez.

Estaba aterrada, sentía su corazón golpear contra sus huesos, casi como si quisiera salirse de su cuerpo.
Olía el peligro acechándola sin darle escapatoria.
¿Qué métodos podría utilizar Malfoy? ¿Cuáles? ¿Por qué Bellatrix Lestrange sonreía tan orgullosa? Miles de preguntas golpeaban su cabeza. Si antes se había esforzado por no escuchar, ahora deseaba fervientemente no pensar, no imaginar.
Las ideas surcaban su mente, era consiente de que Draco Malfoy la odiaba, de que querría humillarla y lastimarla lo mas que se pudiera, que cumpliría una venganza muda que tenía contra ella.
No pudo evitar que las lágrimas comenzaran a correr por sus mejillas, presa del miedo, sin fuerzas para más. Le costaba trabajo respirar, podría asegurar que tenía al menos un par de costillas rotas, su cuerpo estaba entumecido por permanecer tanto tiempo en el piso duro y frío de aquel lugar, ya no quería mas. A pesar de que luchaba interiormente contra sí misma, empezaba a desear que todo acabara, que el dolor terminara, que los Cruciatus no golpearan mas en su cuerpo. Ya no tenía sentido seguir viva si el dolor continuaba.
La mente comenzaba a fallarle, estaba perdiendo la poca cordura que la mantenía unida a la cruel realidad. Los párpados le pesaban, el dolor menguaba poco a poco, y de la misma manera en la que el dolor desaparecía sus sentidos perdían fuerza, ya casi no distinguía las palabras, mucho menos las voces. Pero esa palabra no la olvidaría nunca, ni siquiera en su lecho de muerte.
-¡Crucio!- El grito de Draco Malfoy resonó en toda la estancia, de la misma manera que el suyo propio.
-¡AAAHHH!- Luego de eso, perdió la conciencia.

-¿Qué pretendes hacer para que hable, Draco?- pregunto Lucius a su hijo.
-Mi único objetivo es vengarme, padre. Hacer que pague por todo lo que hizo, nada más.- dijo el ojigris.
-Entiendo, cuentas con mi apoyo, pero como ya sabrás yo también he de intervenir en tu venganza.
-No tengo problema con eso. Cuanto más sufra esa maldita, mas disfrutaré de mi plan.
Padre e hijo se encontraban platicando en el despacho principal de la casa, el mayor de los Malfoy había pedido hablar con su primogénito al no entender la actitud del chico.
Luego de maldecir a la impura, Draco, dio la orden de trasladarla a una de las habitaciones de los pisos superiores, hecho que desconcertó a casi todos los presentes en el lugar.
Ningún prisionero iba a esas habitaciones, hecho que fue remarcado fervientemente por Bellatrix, pero el heredero de los Malfoy había hecho oídos sordos a cada petición, después, para que todos quedaran conformes, se dispuso a aclarar que solo la trasladaba a un cuarto decente para llevar a cabo su plan. Aunque para muchos esa simple exclusa basto como pretexto, para Lucius, su padre, no fue así. Pidió hablar con él en su despacho y allí estaban.
Ahora un poco más satisfecho, el mayor de ambos rubios, decidió tomar las riendas de la situación.
-Creo, querido hijo, que es hora de que me dejes encargarme de la mosquita muerta de Granger.- A su hijo solo le alcanzó con mirarlo unos momentos, para saber que su padre sabría que hacer.
-No quiero que la lastimen físicamente, no aún. De momento solo quiero lastimarle el alma.- El gris de sus ojos se oscureció debido al odio que lo carcomía por dentro.- No quiero ver magulladuras en su piel, padre.
Con un gesto de cabeza, el hombre asintió, dando a entender que había comprendido. Dando media vuelta, haciendo ondear su capa, se dirigió a las habitaciones de los pisos superiores, mas específicamente a la habitación donde se encontraba la amiguita de Potter. Tal como Draco deseaba, no le dejaría marcas en ningún otro lugar que no fuera su alma.

La superficie suave en la que se encontraba acostada la desconcertó, lo último que recordaba era el dolor más grande que jamás pudo haber sentido, mayor incluso que el proporcionado por los Crucio de la mortífaga más famosa. No le quedaba duda del odio visceral que el joven mortífago sentía hacia ella, y por eso la confundía tanto sentir una superficie suave y mullida soportando su peso.
Aún mantenía los ojos cerrados, temerosa de abrirlos. No sabía con que se podía encontrar esta vez, poco a poco decidió sacar el valor Gryffindor que supuestamente corría por sus venas abriendo un ojos primero y luego el otro.
El lugar en donde se encontraba descansando era una habitación prolijamente ordenada, con finas cortinas de seda color esmeralda, muebles antiquísimos de roble, pertenecientes probablemente a generaciones anteriores, un escritorio color caoba y sobre una de las paredes, una biblioteca enorme. Una sonrisa adornó su rostro de forma automática, era como si el lugar hubiera sido arreglado especialmente para ella –lo que Hermione no sabía era que, efectivamente, el lugar estaba predestinado para ella-. El temor comenzaba a desaparecer cuando de improvisto la puerta del cuarto se abrió y por ella entro, con su andar soberbio y elegante, Lucius Malfoy.
La sonrisa en el rostro del mago logro borrar la poca confianza que había conseguido reunir. Nuevamente el miedo se instaló en su conciencia, segura ahora sí, de que no saldría con vida de aquel lugar.

Bienvenidos todos a una nueva historia... Un long fic que ya tengo comenzado, que ya tiene beta y algunos capis avanzados ^_^ Me va a costar. Mucho, lo sé, trataré muchas cosas que solo he leído. Pero aún así me arriesgo. He de avisar que tengo tres proyectos anteriores a terminar, así que imaginen lo que puedo demorar, desde ya pido disculpas.
Como dice es un Dramione, como notan comienza en la captura del trío dorado en la mansión Malfoy, y desde ahí se modifican algunas cosas. Ignoren el epílogo. Espero que sea de su agrado.

Besos, Ceci.

domingo, 4 de marzo de 2012

Noticias sobre el fic mas una imagen promocional

Hola! Lamento no haber publicado nada por tanto tiempo. Pero bueno, aquí estoy. Tengo que informarles que el fic ya está comenzado y llevo hasta el capítulo número cuatro. En estos momentos la beta lo tiene en su poder para betearlo, pero ya en cuanto me los mande me vuelvo a poner manos a la obra para avanzar más el fic, ya que no lo publicaré hasta que no lo tenga bastante desarrollado en word. Pero igualmente, voy por buen camino.
De mientras les dejo una imagen promocional hecha por ILSly, quien se encarga de corregirle los errores^^ Espero que les guste. Las felicitaciones a ella^^